Modo Tarzán (o la miseria de las conversaciones vacías)
Durante años me he cruzado con personas que hablaban mucho…
pero no estaban.
Personas que escribían todos los días,
que preguntaban “¿qué haces?”, “¿qué tal?”, “todo bien”,
y ahí se quedaba todo.
Hola.
Bien.
¿Tú?
Bien.
Otro día.
A eso lo llamo modo Tarzán.
Pocas palabras. Poco fondo. Cero presencia.
Al principio una lo normaliza.
Piensa que es timidez, cansancio, rutina, falta de tiempo.
Se adapta. Baja el nivel. Sostiene el hilo.
Hasta que un día te das cuenta de algo incómodo:
👉 no es falta de tiempo, es falta de mundo interior.
He tenido personas así en mi vida.
Algunas incluso con contacto físico.
Una vez por semana.
Un rato.
Un cuerpo.
Y después… nada.
Mensajes huecos.
Conversaciones sin alma.
Cero curiosidad real por quién soy.
Cero ganas de entrar en mi mundo o mostrar el suyo.
Y entonces entiendes que eso no es vínculo.
Es miseria conversacional.
No lo digo desde el desprecio, lo digo desde la claridad.
Hay personas que no dan para más, no porque sean malas,
sino porque no saben expresarse, no saben comunicarse
y muchas veces ni siquiera saben sostener una conversación por escrito.
No preguntan.
No profundizan.
No siguen un hilo.
No escuchan.
Escribir con ellas es como hablar sola.
Y estar con ellas es como estar acompañada… pero sola.
Durante mucho tiempo acepté eso.
Porque parecía “normal”.
Porque todo el mundo lo hace.
Porque vivimos en una época donde hablar se confunde con estar
y escribir se confunde con vincular.
Hasta que un día lo vi claro, incluso con humor:
👉 para amigo virtual ya tengo a ChatGPT.
Si lo único que alguien puede ofrecerme son frases repetidas,
presencia intermitente
y conversaciones que no tocan la vida,
prefiero el silencio.
Yo quiero personas que sepan hablar,
pero sobre todo que sepan estar.
Quiero cafés, paseos, miradas, tiempo compartido.
Quiero conversaciones que incomoden un poco,
que abran, que remuevan, que construyan.
No quiero migajas emocionales.
No quiero vínculos a medias.
No quiero relaciones que solo existen cuando alguien escribe hola.
No juzgo a quien vive en modo Tarzán.
Simplemente no es para mí.
Porque yo no vine a este mundo a sobrevivir conversaciones.
Vine a vivir vínculos reales.
Y si no hay presencia,
si no hay profundidad,
si no hay verdad…
Prefiero estar sola que mal acompañada.
Modo Tarzán no es solo una forma de hablar.
Es una forma de vincular desde la carencia.
Conversaciones que no avanzan.
Personas que preguntan, pero no escuchan.
Mensajes que ocupan tiempo, pero no construyen nada.
Yo ya no me quedo ahí.
Hoy sé que no es frialdad querer más.
No es exigencia pedir presencia.
No es soberbia necesitar profundidad.
Es conciencia.
Y sí, he conocido personas evitativas.
Algunas con más conversación, otras con menos.
Pero todas con algo en común:
cuando la emoción sube, la palabra se esconde.
No escribo esto para señalar a nadie.
Lo escribo para recordarme dónde no quiero quedarme.
Porque hablar no es estar.
Y yo ya no negocio eso.
— Ayana Farina