La niña que soñaba con el amor
PARTE 1
La niña que soñaba con el amor
Relato
Desde que era niña siempre fui una persona muy soñadora.
Recuerdo pasar horas imaginando historias, sintiendo las emociones muy intensamente y creyendo que el amor era algo mágico. Las películas, las historias y la música despertaban algo muy especial dentro de mí.
Había escenas que se quedaban grabadas en mi corazón. Ver cómo dos personas descubrían el mundo juntas, cómo el amor podía transformar una historia, me hacía imaginar que algún día yo también viviría algo así.
Mientras muchas personas veían solo una película, yo veía inspiración.
Soñaba, imaginaba y sentía.
Pero la verdad es que mi infancia no siempre fue fácil. En casa no siempre existía ese amor bonito que yo soñaba. Había discusiones, momentos difíciles y muchas emociones que una niña pequeña no siempre entiende.
Y quizá por eso mi mente empezó a crear su propio refugio.
Un lugar donde el amor era posible.
Un lugar donde las historias tenían sentido.
Un lugar donde las emociones podían transformarse en palabras.
Ahí empezó algo que hoy entiendo muy bien:
mi necesidad de escribir.
Desde muy pequeña escribía pensamientos, historias o sentimientos. Era mi forma de expresar lo que llevaba dentro, de ordenar mis emociones y de dar forma a los sueños que vivían en mi imaginación.
Sin saberlo, estaba sembrando la semilla de algo que muchos años después tendría un nombre.
Ayana Farina.
Hoy miro atrás y entiendo que todo empezó ahí, en aquella niña que soñaba con el amor y que encontraba en las historias un lugar donde el corazón podía sentirse libre.
Porque a veces los sueños empiezan cuando somos pequeños…
y tardan años en encontrar su camino.
Pero cuando nacen del alma, tarde o temprano encuentran la forma de hacerse realidad.
— Ayana Farina
PARTE 2
Las historias que despertaron mi imaginación
Relato
Cuando llegó mi adolescencia, mi mundo interior seguía lleno de sueños.
Si de pequeña imaginaba historias, en esta etapa esas historias empezaron a tener todavía más fuerza. Las películas románticas, las revistas y las novelas se convirtieron en pequeñas ventanas hacia otros mundos.
Recuerdo especialmente las revistas que leíamos muchas chicas de mi generación. Esperaba con ilusión el momento de poder comprarlas, hojear sus páginas y leer todo lo que traían dentro. Había música, historias de amor y algo que siempre me llamaba mucho la atención: el horóscopo.
El horóscopo me fascinaba.
Sentía curiosidad por entender las emociones, las personalidades y cómo las estrellas podían hablar del carácter de las personas. Incluso recuerdo un libro que tenía mi madre lleno de horóscopos y significados. Yo lo leía una y otra vez con mucha curiosidad.
También estaban las novelas románticas que encontraba en casa de mi abuela. Aquellas pequeñas historias de bolsillo me transportaban a otros lugares, a otros amores, a otras vidas.
Y mientras todo eso pasaba…
yo seguía escribiendo.
Escribir se convirtió en una forma de expresar lo que sentía. Las emociones, los sueños, las historias que imaginaba… todo encontraba su lugar en las palabras.
Sin darme cuenta, todas esas pequeñas cosas de mi adolescencia estaban construyendo algo dentro de mí.
Una sensibilidad especial hacia las emociones, hacia las historias y hacia el alma de las personas.
Algo que muchos años después formaría parte de lo que hoy soy.
Ayana Farina.
— Ayana Farina
PARTE 3
Cuando los sueños encuentran su camino
Relato
Con el paso de los años, muchas cosas que habían nacido en mi infancia y en mi adolescencia comenzaron a tener sentido.
Aquella niña soñadora que imaginaba historias…
aquella adolescente que leía revistas, novelas y horóscopos con curiosidad…
seguía viviendo dentro de mí.
Durante mucho tiempo, escribir fue algo íntimo. Algo que hacía para mí, para entender mis emociones, para expresar lo que sentía y para dar forma a los pensamientos que nacían en mi corazón.
Pero los sueños tienen algo muy curioso.
A veces tardan años en encontrar su camino.
A veces incluso décadas.
Cuando era joven imaginaba que algún día escribiría un libro. Era un sueño que parecía lejano, casi imposible. Pero hoy puedo decir que ese sueño ya existe.
Hoy mis palabras, mis emociones y mis historias tienen un nombre.
Ayana Farina.
Ayana Farina no es solo un nombre artístico.
Es la forma que encontró mi alma para expresar todo lo que siempre sentí dentro.
Escribir, crear y compartir emociones con otras personas se ha convertido en mi forma de conectar con el mundo.
Quizás ahora mismo somos pocos los que caminamos juntos en este proyecto. Pero todo lo grande empieza siendo pequeño.
Si tú también eres una persona sensible, si te gusta escribir, sentir, crear o expresar lo que llevas dentro… no abandones tus sueños.
No importa cuánto tiempo tarden.
Porque cuando algo nace del corazón, siempre encuentra el camino para florecer.
— Ayana Farina
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