Los sueños vívidos: cuando el alma habla sin orgullo

Los sueños vívidos
Hay sueños…
y luego están esos sueños.
No son caóticos.
No mezclan escenas absurdas.
No parecen inventados.
Son claros.
Intensos.
Reales.
En el sueño, él te mira distinto.
Sin orgullo.
Sin distancia.
Sin frialdad.
Te habla con una honestidad que no existe en la vigilia.
Te dice lo que nunca dijo.
Te abraza como si nada hubiera pasado.
Y tú sientes paz.
Una paz profunda.
Cuando despiertas, la sensación permanece durante horas.
No es solo recuerdo.
Es algo que se quedó vibrando en el pecho.
La psicología diría que el subconsciente procesa lo que quedó pendiente.
Y sí, en parte es cierto.
Pero cuando una conexión ha sido auténtica, el sueño se convierte en el único espacio donde no hay máscaras.
Durante el sueño, el ego baja.
Las defensas desaparecen.
La emoción se vuelve pura.
Y muchas veces, el cerebro crea el encuentro que la realidad no supo sostener.
No es magia.
No es fantasía ingenua.
Es integración emocional.
El alma —o si prefieres llamarlo mente profunda— busca cerrar, ordenar, comprender.
Y lo hace en el único lugar donde el orgullo no interfiere.
🌙 Lo que esto significa para mí
Cuando sueño con alguien de esa manera tan real, ya no lo interpreto como señal de regreso.
Lo interpreto como señal de profundidad.
Si el sueño me da angustia, sé que todavía hay algo que integrar.
Si el sueño me da paz, sé que el amor ya no duele.
Los sueños no siempre anuncian reencuentros.
A veces anuncian madurez.
💫 Cierre
Si esta noche sueñas con él y al despertar sientes esa mezcla de ternura y vacío, no te asustes.
No estás retrocediendo.
Estás procesando.
Porque cuando una conexión fue verdadera, la mente no la borra.
La transforma.
Y cuando la transforma…
deja de herir.

Ayana Farina