🩷 El amor que enseñamos en casa es el amor que aceptarán mañana
Por Ayana Farina
Hay algo que he entendido con el tiempo.
Nuestros hijos no aprenden el amor por lo que les decimos.
Lo aprenden por lo que les damos.
Si crecen en carencia, aprenderán a conformarse.
Si crecen en migajas, aceptarán migajas.
Si crecen en indiferencia, normalizarán la indiferencia.
Yo crecí en carencia emocional.
No me faltó vida, pero sí me faltaron detalles, demostraciones, seguridad afectiva.
Y sin darme cuenta, repetí patrones.
Elegí desde lo que conocía.
Y lo que conocía era poco.
Hasta que un día entendí algo:
Si no cambio yo, mi hija repetirá mi historia.
Y no.
Yo quiero que mi hija elija desde la abundancia, no desde la necesidad.
Quiero que cuando alguien le dé poco, ella lo note.
Que cuando alguien no la valore, lo identifique.
Que cuando alguien la trate con indiferencia, no lo romantice.
Por eso hoy le regalo corazones.
Por eso le celebro el amor.
Por eso le enseño que el amor se demuestra.
No porque necesite pareja.
Sino porque el amor empieza en casa.
Quiero que el día de mañana, cuando un hombre llegue a su vida, ella piense:
“Mi madre me enseñó que el amor es detalle, es presencia, es cuidado.
Esto que me das… ¿está a la altura?”
Romper un patrón no es fácil.
Duele.
Te hace mirar tu historia.
Te hace aceptar lo que no recibiste.
Pero es el mayor acto de amor que puedes hacer por tus hijos.
Yo no puedo cambiar mi pasado.
Pero sí puedo cambiar el futuro que mi hija va a aceptar.
Y eso empieza con un globo.
Con unos dulces.
Con un “te quiero” dicho a tiempo.
Porque el amor no se mendiga.
Se aprende.
Y yo quiero que ella lo aprenda bien.
— Ayana Farina