La mujer que ya no persigue – Regulación emocional y biología femenina

La mujer que ya no persigue
✨ ¿Cómo he sanado?
No fue de un día para otro.
No fue por dejar de sentir.
Fue por empezar a pensar diferente.
Como ya he contado en otras partes de mi blog, en Lo que el alma calla, entendí algo fundamental:
la transformación empieza en los pensamientos.
Empecé a observar mi mente.
A cuestionar mis reacciones.
A dejar de interpretar todo como amenaza.
A dejar fluir.
Claro que duele.
Duele cuando hay conexión.
Duele cuando algo se te queda en la cabeza.
Duele cuando tienes que soltar.
Pero sanar no es dejar de sentir.
Sanar es no perderte por lo que sientes.
Hoy entiendo que el eje no es la persona que esté a mi lado.
El eje soy yo.
El control de mi vida lo llevo yo.
Mi estabilidad depende de mí.
Mi paz depende de mí.
¿Qué viene alguien? Bienvenido.
¿Qué no viene? La vida sigue.
Yo sigo con mis cosas.
Mis amistades.
Mis hobbies.
Mis proyectos.
No todo gira alrededor de una relación.
Antes sí.
Hoy no.

 

🌙 La biología también influye
Hay algo que también he aprendido como mujer.
Nuestra biología influye.
Cuando estoy con la menstruación, mi sistema nervioso cambia.
Estoy más sensible.
Más emocional.
Más vulnerable.
A veces la ansiedad se activa más fuerte.
La sensación de soledad pesa más.
La necesidad de conexión aumenta.
Y eso no es debilidad.
Es biología.
El problema no es sentirlo.
El problema sería tomar decisiones importantes desde ese pico hormonal.
Antes confundía esa intensidad con mi realidad.
Si sentía ansiedad, pensaba que algo iba mal en mi vida.
Si necesitaba cariño, pensaba que debía buscarlo fuera urgentemente.
Hoy he aprendido a hacer una pausa.
A decirme:
“Esto es hormonal. No es una verdad absoluta. Espera.”
No activo mi vida real desde un momento hormonal.
No escribo impulsivamente.
No tomo decisiones definitivas.
No persigo.
Espero a que mi sistema se regule.
Porque sé que esos días pasan.
Y cuando pasan, veo las cosas con claridad.
🧠 Regulación antes que reacción
No soy perfecta.
Tengo mis días.
Tengo mis arranques.
Pero ahora me observo.
Si siento el impulso de escribirle a alguien desde la necesidad, me pregunto:
“¿Esto es deseo real o es ansiedad hormonal?”
Y muchas veces me echo para atrás.
No porque no sienta.
Sino porque elijo no reaccionar desde el desajuste emocional.
En vez de eso, me refugio en lo que me sostiene:
La escritura.
La música.
Mis amigas.
Jugar con mi hija.
Ordenar mi casa.
Hacer algo que me conecte conmigo.
Canalizo la emoción.
Porque sé que los impulsos pasan.
Pero las consecuencias de un impulso pueden quedarse.
✨ Aprender a saber estar
He aprendido algo muy valioso:
No todo lo que siento tengo que actuarlo.
No todo lo que deseo tengo que perseguirlo.
No todo lo que duele tengo que resolverlo en ese momento.
Hay que saber cuándo hablar.
Cuándo callar.
Cuándo esperar.
Eso no es frialdad.
Eso es autocontrol.
Eso es madurez emocional.
Y no significa que no sienta.
Significa que ya no me abandono por lo que siento.
— Ayana Farina