Carencias afectivas de la infancia y cómo romper patrones emocionales

Las carencias afectivas no desaparecen.
Se transforman en patrones.
Muchas veces creemos que elegimos mal en el amor.
Pero en realidad estamos repitiendo.
Desde niña, muchas cosas que viví se quedaron grabadas en mi mente.
Formas de amar.
Formas de discutir.
Formas de sobrevivir.
Y cuando creces así, tu cerebro busca lo que ya conoce.
No busca lo sano.
Busca lo familiar.
Aunque duela.
Aunque sea tóxico.
Aunque te haga sufrir.
Porque para tu mente eso es normalidad.
Si creciste en discusiones, el conflicto te resulta conocido.
Si creciste en carencias, buscas cariño con urgencia.
Si creciste sintiéndote no suficiente, eliges relaciones donde vuelves a sentirlo.
No es debilidad.
Es programación emocional.
Tu mente es fuerte.
Aguanta.
Soporta.
No porque sea sano.
Sino porque es lo que aprendió.
Y entonces aceleras.
Buscas todo rápido.
Idealizas.
Te enganchas.
No te das tiempo a conocer realmente a la persona.
Porque en el fondo no estás buscando pareja.
Estás buscando a tu padre.
O a tu madre.
Estás buscando esa figura que faltó.
Ese abrazo que no estuvo.
Esa validación que nunca llegó.
Y esto le pasa tanto a mujeres como a hombres.
Todos tenemos heridas.
Todos repetimos patrones si no los hacemos conscientes.
Pero hay algo muy importante:
Esto tiene solución.
Tiene terapia.
Tiene conciencia.
Tiene proceso.
No estamos condenados a repetir.
Podemos romper el patrón.
Podemos sanar el linaje.
Podemos cortar la cadena.
Yo cuento mi historia para eso.
Para crear conciencia.
Para que nuestros hijos no vivan con carencias.
Para que nuestro futuro no herede nuestras heridas.
Como madre, quiero paz para mi hija.
Quiero que no confunda amor con dependencia.
Que no acelere por miedo.
Que no se ate por carencia.
Y eso empieza en mí.
Sanar no es solo por nosotros.
Es por los que vienen detrás.
✨ No repetimos lo que queremos.
✨ Repetimos lo que no hemos sanado.


Hay algo aún más profundo.
Cuando buscamos en la pareja al padre que no tuvimos,
o a la madre que nos faltó…
terminamos convirtiéndonos en esa madre para el otro.
Y ahí empieza otro patrón silencioso.
Cuidamos.
Sostenemos.
Atendemos.
Rescatamos.
Nos volvemos responsables de su bienestar emocional.
De sus heridas.
De su estabilidad.
Y sin darnos cuenta, nos abandonamos.
Dejamos de sentirnos mujer.
Dejamos de ser persona con metas propias.
Dejamos de vivir nuestros sueños.
Porque creemos que lo importante es que él esté bien.
Que la relación funcione.
Que la familia esté en paz.
Y entonces tú ya no importas.
Importa la persona que está a tu lado.
Eso no es amor.
Eso es abandono propio.
No somos madres de nuestra pareja.
Somos compañeros.
Una pareja sana no te absorbe.
Te acompaña.
No te pide que renuncies a tus metas.
Crece contigo.
No te obliga a abandonar tus sueños.
Los respeta.
No te convierte en cuidadora constante.
Te reconoce como mujer.
Ser madre es para nuestros hijos.
Ser pareja es caminar al lado, no cargar al otro.
No estamos aquí para salvar.
Estamos aquí para compartir.
Y cuando entiendes eso…
dejas de abandonarte.
✨ Amar no es perderte.
✨ Amar es crecer sin dejar de ser tú.
— Ayana Farina