La mujer que olvidó su luz | Cuentos que sanan el alma – Ayana Farina


📖 Cuento 4

La mujer que olvidó su luz

Cuentan que, en un lugar muy antiguo, nació una mujer con una luz especial.

No era una luz que todos pudieran ver.

No brillaba en sus manos
ni en sus ojos
ni en su ropa.

Brillaba dentro.

Era una luz suave, sabia y serena.
Una luz que la hacía sentir, comprender y soñar de una forma diferente.

Cuando era niña, esa luz brillaba sin miedo.

La niña hablaba con sus sueños,
imaginaba mundos,
creía en las señales
y sentía que la vida guardaba secretos hermosos.

Pero al crecer, la mujer empezó a recorrer caminos difíciles.

Escuchó palabras que apagaban.
Vivió silencios que pesaban.
Atravesó días grises
y noches en las que apenas podía reconocerse.

Y poco a poco, casi sin darse cuenta, empezó a olvidar su luz.

No se apagó del todo.

Solo quedó escondida.

Muy en el fondo.

A veces la sentía en un recuerdo.
Otras veces en una intuición.
Otras, en una lágrima que no sabía explicar.

Hasta que un día, cansada de caminar sintiéndose incompleta, decidió detenerse.

No buscó fuera.

No preguntó a nadie.

Solo guardó silencio…
y miró hacia dentro.

Entonces la vio.

Pequeña.
Temblorosa.
Esperando.

Su luz seguía allí.

No se había marchado nunca.

Solo había esperado el momento en que ella tuviera el valor de volver a mirarla.

La mujer sonrió entre lágrimas.

Y comprendió algo que cambió su vida para siempre:

que hay luces que no se pierden,
aunque pasen los años,
aunque la vida duela,
aunque el camino nos haga olvidar quiénes somos.

Porque la verdadera luz
no viene de fuera.

La verdadera luz
siempre vuelve a encontrarnos
cuando estamos preparados para recordarla.


🌙 Reflexión

Durante mucho tiempo pensé que había partes de mí que se habían quedado atrás.

Sueños de niña.
Ilusiones.
Esa forma de sentir la vida con magia, con fe y con emoción.

Pensé que la vida me había alejado de todo eso.

Pero con los años entendí algo muy distinto.

No lo había perdido.

Solo lo había olvidado por un tiempo.

Y cuando empecé a mirar dentro de mí, a escucharme de verdad y a recordar quién era, descubrí que mi luz seguía ahí.

Esperándome.

Porque hay cosas que la vida no puede borrar.

Solo puede cubrirlas por un tiempo.

Y cuando despertamos, cuando sanamos, cuando nos atrevemos a ser nosotras mismas…
esa luz vuelve.

Y entonces entendemos que nunca estuvimos vacías.

Solo estábamos en el camino
de volver a encontrarnos.

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